En defensa de la Generación Z: democráticos pero selectivos.
- Joaquín

- 19 jun
- 3 min de lectura
Actualizado: 14 jul
Me encontré con un artículo que se pregunta por qué cada vez menos jóvenes creen en la democracia, como si fuera un dogma que exigiera fe ciega.
Esa pregunta puede analizarse en dos planos. El primero es la democracia entendida como un sistema de valores. Sería, en ese caso, creer en esos valores.
En este plano, las personas menores de 25 años siguen sosteniendo valores democráticos: el 91% cree que deben existir elecciones, el 78% que la ley debe cumplirse y el 63% que la participación y el compromiso es algo positivo. Pero, al mismo tiempo, el 84% considera que la democracia no funciona bien.
El segundo plano es la democracia como forma de organización política: cuando los jóvenes votan —a la derecha, a la izquierda, al centro— ejercen un acto democrático y, con él, revalidan la democracia. Lo decisivo no es solo cuánto creen en ella, sino si participan efectivamente. Se cree en la democracia cuando se pone en acto.
Acá aparece una variable para medir el involucramiento en el proceso democrático: la participación electoral.
Un resumen de ideas finales sugeridas en estos gráficos
La caída de la participación es generalizada.
El interés disminuye elección tras elección y varía según la relevancia que se le atribuye a cada tipo de comicio: generales ejecutivas > balotaje > generales legislativas > PASO.
La obligatoriedad sostiene la participación.
Entre los mayores de 40 años, el deber institucional parece pesar con fuerza. Esto se observa cuando la participación se desploma apenas los electores cumplen 70 años y dejan de tener la obligación de votar. El cambio es inmediato.
La Generación Z no se siente obligada a participar en la democracia.
Hay un dato que refuerza esta idea: el 54% de los jóvenes decide qué hacer en un comicio durante la semana previa a la elección. No lo viven como una obligación fijada en el calendario: votar, no votar, acompañar o no, se resuelve en el momento y por decisión propia.
La caída de la participación tiene un punto de presión en la generación de 1999.
La tendencia se acelera entre las generales de 2019 y las PASO de 2021, un período atravesado por la pandemia. Entre esos años, una de las cohortes que ingresó al padrón fue la nacida en 1999.
Son los mayores de la Generación Z. Todavía existe un interés inicial por participar que impide afirmar que toda la Gen Z vaya a comportarse de la misma manera. La tendencia apunta en esa dirección, pero siguen acercándose a las urnas.
Para ser más precisos, el punto de presión a la baja participación está en las mujeres nacidas en 1999.
Las encuestas también muestran que las mujeres jóvenes son el grupo con mayor indecisión de voto, mayor desconocimiento de la dirigencia política y mayor desinterés por participar.
Entre los hombres jóvenes, la caída de la participación no es tan marcada como entre las mujeres. Una posible explicación es que encontraron en el gobierno actual un espacio de representación generacional y, por eso, una opción que los convocó a participar.
Volviendo al punto de partida, la Generación Z parece no reconocer el voto obligatorio como un mandato suficiente. Va a votar cuando encuentre un motivo para hacerlo: una opción que la convoque, para apoyar o para resistir. No van a votar por descarte ni por obligación.