La Generación Z parece no reconocer el voto obligatorio como un mandato suficiente. Va a votar cuando encuentre un motivo para hacerlo: una opción que la convoque, para apoyar o para resistir. No van a votar por descarte ni por obligación.
Convertir un lugar o un territorio en marca es una de las operaciones más ambiciosas del diseño. También es de las más vigiladas: existen ciertas reglas que definen cómo debe hacerse y qué descalifica un trabajo. Vale la pena preguntarnos qué resuelven esas reglas, qué dejan afuera y, sobre todo, quién decidió que fueran la última palabra.